miércoles, 9 de mayo de 2012

GUITARREO

"Guitarreo" es una expresión típica de nuestra gente. Muchas veces en todo despectivo se dice: "Dejate de guitarrear", como queriendo hacer ver que lo que se dice es erróneo, o por lo menos un juicio sin pensamiento previo, sin "maduración".Tal vez antiguamente esta acepción haya sido moldeada y luego forjada férreamente por "el patrón", el hombre que se pensaba superior por tener en sus manos el dominio de los puestos de trabajo y por ende, la posibilidad del pobre de ganarse la vida con un sueldo, siempre magro. Luego quedará en la historia como aseveración de los poderosos. También popularmente se suele decir, quizás como contrapartida a la sentencia despectiva: "Otra cosa es con guitarra". A este "guitarreo" primario de decir zonzeras, según la manera de pensar dominante, se le adjudicaba el beneplácito de la música. Donde talla la guitarra, la zonzera deja de ser tal para convertirse en verdad del pueblo, ratificada por entre las marañas del encordado pensante. No es vanal el "Aquí me pongo a cantar al compás de la vihuela" de José Hernández. Ni tampoco: "Las cuerdas van ordenando / los rumbos del pensamiento / Y en el trotecito lento / de una milonga campera/ Va saliendo campo afuera / lo mejor del sentimiento" de Atahualpa Yupanqui. Nuestro paisano inaugura así, en la lejanía de la historia, el oficio de "Guitarrero". El hombre que toma el discurso popular, le da su propio parecer y le agrega los sones de la encordada como para ordenarlos. Muchas veces, casi siempre, este discurso es contrario al orden establecido. Y este oficio es el que quiero reivindicar, oficio de músico y poeta que se compromente con un sentir. "Trabajo insalubre" según el trovador uruguayo Daniel Viglietti. Tampoco es trabajo que se vea sólo en el escenario artístico; se lo podrá ver en alguna esquina callejera, en el descanso del trabajo, en la reunión familiar o de amigos, en las reuniones políticas, oficiando aquello de que "todo es escenario posible para la charla y el mate con guitarra" El guitarrero no piensa en estéticas, sino en contenidos, reinaugurando así paradójicamente una nueva forma. La forma de lo siempre nuevo, el curso ascendente del libre pensar y su aplicación social en la realidad circundante. "Si uno pulsa la guitarra/ pa cantar cosas de amor/ de potros. de domador,/ de la sierra y las estrellas,/ dicen: "¡Qué cosa mas bella!/ ¡Si canta que es un primor!/ Pero si uno, como Fierro,/ por áhi se larga opinando,/ el pobre se va acercando/ con las orejas alertas,/ y el rico vicha la puerta/ y se aleja reculando" (Atahualpa Yupanqui, de "El payador perseguido")

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