viernes, 28 de febrero de 2014

GUITARRERO SUBURBANO - Mi guitarra no se calla



Cantor que cante a los pobres
ni muerto se ha de callar,
pues ande vaya a parar
el canto de ese cristiano,
no ha de faltar el paisano
que lo haga resucitar.

(Atahualpa Yupanqui – “El payador perseguido”)




El guitarrero toma su guitarra y ensaya acordes, arrastres, bordoneos y arpegios.
Generalmente en mi menor, que es el tono en el cual el paisano discurre los serios asuntos, los graves silencios del instrumento dando “cancha libre” al pensamiento.
Su voz hilvana el discurso en una melodía casi hablada, un recitado mesurado como para no estorbar el sonido de la encordada, como una dulce muchacha que despliega sus perfumes en la noche.
¿Serán canciones? No proponen el entretenimiento, sino la reflexión. El guitarreo se engalana con un dibujo de versificación cercano a la poesía.
Canta así la temática social, el sufrimiento y la alegría del humilde, señalando la injusticia y el logro colectivo de nuestro pueblo.
La guitarra no se calla. Sugiere suave pero firme, dicta dulcemente el camino humano de todos los tiempos, como el canto de los pájaros, eco de todo su andar.


guitarracriolla.seta@gmail.com
GUITARRERO SUBURBANO - otro "guitarreo con letra"

Hace unos meses, como todos los días, la mañana me encontró yendo a mi trabajo por ruta 26 en Ing. Maschwitz. Caminando con mi guitarra para dar algunas clases, me sonríe muy amablemente un señor de unos cuarenta años: "Cómo va, paisano" me dijo. Me detuve y lo saludé en lo que creí era un breve gesto de simpatía. A los dos minutos este señor, que no sé como se llama, este hombre del pueblo de Maschwitz, se encontraba contándome su historia. Vendía lombrices. Lombricero. "Me gusta venir hasta acá los días viernes. La gente pasa a pescar y compra mis lombrices; aunque a veces pasan velozmente las camionetas de la gente más rica, con todo ya preparado de sus casas y no paran." Y siguió: "¿Sabe? Tengo ocho hijos que mantener, la mayor ya es señorita y también tengo que estar en casa para cuidarla. Mi mujer está enferma, qué va a hacer. Cuando no vendo mucho me voy a pescar yo mismo para llevarle comida sana." Un breve momento para la reflexión, el ensimismamiento, para luego iluminársele otra vez su rostro simpaticón: "Pero no vaya a creer, me va muy bien, saco unos cuántos pesos cada viernes"
Y vuelta otra vez a su lenta rumia rutinaria de preparar los paquetitos de pasta de lombriz.
Cuando me cuentan historias, muchas veces como ésta, siento la necesidad de arrimarle un guitarreo. Ese secreto ya no me pertenece. Pronto iré a cantarle su canción.


EL LOMBRICERO


Sabe paisano a mi me gusta
Venir al río con lluvia o sol
Vendiendo pasta gano mi vida
Con sus tristezas y su ilusión.

Sabe mi amigo la vida es dura
A veces vendo para pechar
Un poco e carne para la cría
Y un vino pobre para llorar.

¡Eh, lombricero! grita la gente,
Dame lombrices para pescar
Que hoy es mi día libre en el pueblo
Mientras descanso vos trabajás.

Tan chiquitita, tan inocente
Tenga cuidado, creameló
No sea cosa con mis lumbrices
Cache al pez gordo que me robó.



Sabe paisano siempre me encuentra
Aquí, camino a Dique Luján
Viernes de tarde y ya comienza
El día franco para pescar.

A mi patrona la dejé en cama
La pobre gasta vida y salud
Son ocho hijos que hemos criado
Y la osamenta se vuelve cruz.





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