El guitarrero
afiló su uña y diente y ojo mocho
viejo puma madruguero
y en el hondo instrumento
volcó su miseria de cansado vate
en la pampa interior de su agujero.
Midió sus fuerzas su doble borrachera
incendiando fogones a lo alto
y a lo bajo de tantas mierdas.
La humanidad se cae a pedazos
y el guitarrero también pero subiendo.
Con la frente aturdida y levantada
al cénit de su tronco molestando
patrones podridos milicos niñas
enamoradas que alguna vez
reconstruyan con su flor
su cuero reseco duro de tristezas.
Templó la vihuela
preparó su uña como diablo
recogió su poncho al hombro imaginado…
Un chispazo ruin de leña
laceró el iris aterrado
y dijo:
¡Carajo!
Ya viene puertiando el alba su envite de tabas
su irrepetible luz
entre eructos de grapa y polvo.
La masa de su cuerpo cayó líquida en las brasas.
El humo se alzó para otra patria.
Y en esa niebla de azufre y libros viejos
la encordada cayó gritó desde la tripa
su acorde afónico en una tos de silencios.
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